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Un par de días antes del clásico se pudo hallar en las instalaciones del Club una carta destinada a los jugadores. La misma era firmada de manera anónima y hacía referencia a varias cuestiones institucionales pero siempre con el fin de transmitir al plantel el sentimiento de quienes son hinchas del Verde.
CARTA ABIERTA A LOS JUGADORES
Muchachos hoy quiero darles las gracias, de corazón, por lo que han logrado. Y no me refiero solamente al objetivo personal de superarse, demostrarse y demostrar que tienen talento y están para más; me refiero también al logro de haber llenado de orgullo y felicidad a miles de personas. Si, escucharon bien: miles de personas. ¿Qué donde están esas miles de personas cada vez que juegan? No importa. En el extranjero, en el trabajo, distanciados de la Institución por motivos personales pero pegados a la radio o al teléfono celular para saber cuanto van; quédense tranquilos que ellos los insultan, los alientan y hablan de ustedes como cualquiera que fue y se sentó en la tribuna. Ustedes son ajenos –y tal vez así es mejor- a la mayoría de los problemas que tienen –o tenemos- los socios, dirigentes e hinchas; y es preferible porque cuando el árbitro toca el silbato ustedes tienen el poder de hacernos olvidar de todo. Cada fecha son 90 minutos que no existe nada más que el fútbol en nuestras vidas.
Algunos de ustedes lo saben, este es un club grande; amateur, pero GRANDE. De acá salieron figuras reconocidas a nivel nacional e internacional, ídolos de los clubes más populares y de selecciones. ¿Cuántos Clubes en el país ostentan esos logros? Deseamos seguir diciendo lo mismo dentro de unos años cuando veamos a los más jóvenes de este plantel en la tele o escuchemos su nombre en la radio; y a los más viejos, aquellos que ya saben que sus chances se agotaron, los recordaremos a través de un cuadro, una foto, un grito de gol.
Nosotros estamos malcriados, crecimos y vivimos gran parte de nuestras vidas festejando, dando vueltas olímpicas, gozando rivales. Siempre fuimos los más originales, los que sentaron precedentes, porque siempre tuvimos con qué. Como la tierra pide lluvia ante la sequía, Atlético pide campeonatos. El 2001 ya es un recuerdo lejano, duele ver la última foto de campeón allá lejos, colgada en la Secretaría. Pero hoy ya tenemos una nueva foto asegurada, ya estamos eligiendo el lugar de la pared donde colgaremos el gran cuadro de la Primera y la Sub 20 finalistas. Vamos preparando con mucha ilusión el cartelito que irá debajo, sin presiones, pero con tanta fe: CAMPEÓN 2008.
Nos dieron un año impresionante. Con la emoción, el sufrimiento y la expectativa que hacía tiempo no sentíamos. Hoy GRACIAS.
Habrá personas más indicadas para escribirles una carta. Con más experiencia en clásicos, levantando más copas, extrañando más la camiseta puesta. Pero hoy lo que sale es esto y nada más sincero hay que estas líneas.
Tengan presente que tienen un técnico que sabe de lo que le habla. Una persona que le tocó vérselas con los más guapos y más temibles delanteros rivales y salió bien parado de todas esas ocasiones. Cuando él les hable de HUEVOS, de SENTIMIENTO, escúchenlo. Así como deben mirar al compañero que se le cae una lágrima antes de salir a jugar el partido de su vida, el de cada fecha.
Sólo un par de cosas más. Cada jugador cuando llegó al club tuvo que arreglar un honorario. Cada quien arregló según lo que creía merecer. Tienen que saber que de estar al alcance, de ser posible se les daría diez veces más sin que lo pidan. Ustedes saben que lo mucho o poco que ganan se deben a personas que laburan tanto o más en el club que en su propio trabajo particular. Que hay gente que ni se imaginan optan por no llevar uno o varios platos de comida a la casa para colaborar con tal o cual jugador. Esto seguro lo saben, no es nada nuevo, solo deben ser concientes de todo lo que hay detrás. Hay mucho por mejorar institucionalmente, pero en eso va la vida y el orgullo de los que aman el fútbol de Atlético. También y obviamente más importante que todo esto: el esfuerzo que hace cada una de sus familias para que ustedes estén donde están. Ese acto de amor de un padre, una madre, un hermano, heramana, novia, esposa, ese familiar que aman y los mira desde arriba o los que a la distancia entran a la página para ver si se enteran de lo que hicieron. Ellos son los principales artífices para que ustedes estén haciendo lo que más les gusta: jugar al fútbol. Los extrañan, se rompen el lomo, se sacrifican y les bancan las mil y una, todo por verlos sonreír, verlos festejar cada semana y el pago más grande, verlos orgullosos con el pecho inflado entrar por la puerta ostentando el título formal de lo que ya son en la vida; campeones.
El fútbol hoy es resultado. Así como los “matamos” frente a Central y con ASAC, los adoramos contra Riberas. Eso es el hincha. No hay justificativos, no hay lógica, solo sentimiento. Pocos creen cuando alguien viene de afuera y te pregunta de que equipo sos hincha y respondés: de Atlético. Te preguntan de nuevo, de Boca, de River, de Independiente, de Racing. Y vos volvés a responder: de Atlético. Porque esto es con lo que crecimos, esto es lo que respiramos. Nosotros vimos la primera pelota rodar acá adentro. Pateamos la primer N°5 en estas canchas. El carnet dice que somos socios desde que nacimos de Atlético Empalme, no de otro club. La mejor pileta, las minas más lindas, están acá adentro todos los veranos, no en otro lugar. El gol, el llanto, la euforia, la desilusión, los estados de ánimos los aprendimos a madurar y a llevar acá dentro. Por eso somos hincha de Atlético, lo demás, lo miramos por TV. Se vienen dos clásicos, nada más y nada menos. Nada mejor para demostrarles a todos la mística y lo que transmiten estos colores. Tenemos los colores más lindos del mundo, el celeste y blanco. La bandera flamea y se confunde con la argentina. Tal vez sea la misma que los domingos se disfraza, altera levemente su apariencia porque ella también se siente y desea ser a veces “verdolaga”. Ganen estos partidos, salgan campeones, por sus futuros, por sus presentes, por nuestro pasado. Piensen, sientan que hoy les entregamos nuestro más preciado tesoro, la camiseta. Para que se la pongan, la luzcan, la transpiren y la coticen. Tómense el tiempo necesario frente al espejo y respóndanse con sinceridad si la sienten, si la honran. Conviertan todo sentimiento o pensamiento adverso en garra, euforia. Sepan que cuando salen a la cancha el rival se persigna frente a esas franjas que ve venir o distingue en el círculo central esperándolo. Toquen, acaricien el escudo y déjense invadir por esa sensación de gloria. Hoy les toca ser a ustedes nuestros héroes. Los más grandes los compararán con los mejores y los más chicos los tendrán de referentes y les contarán a sus nietos que los vieron jugar y que le devolvieron la alegría a la Institución.
Lo que hicieron los hace mejores que el resto. Sigan así, que nosotros estamos rezando, orando por ustedes, tengamos la religión que tengamos, el Dios que hayamos elegido o no. Pero bancándolos y velando por ustedes cada noche, cada día.
“Sean toros en su rodeo y torazos en rodeo ajeno”. Más que nunca retumbe en sus cabezas que “hoy no podemos perder, tenés que dejar la vida”. Nos vemos a la vuelta, o en la vuelta.
Dios los bendiga a ustedes y a sus familias.
Un hincha verdolaga.
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